lunes, 23 de noviembre de 2015

SEIS BLENDS TINTOS PARA BEBER EN PRIMAVERA

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¡Siguen pasando las semanas, y la primavera que no quiere hacerse presente! A veces el clima nos embelesa con un par de días cálidos, pero inmediatamente nos sacude -y hasta nos engripa- con un fin de semana lluvioso y frío.

Tal parece que vamos a seguir inestables y con días frescos, así que mejor volver a pensar en una selección de vinos vigorosos y sápidos. Para descansar del “varietalismo” imperante, aquí van mis seis sugerencias de blends tintos para beber en primavera:

Rincón Famoso Tinto 2011 ($77): ¡Histórico vino de Bodegas López, que acompaña a los argentinos desde 1938! Un tinto elaborado a la “vieja usanza”, con largos períodos de envejecimiento en toneles de roble de gran tamaño. Un estilo de producción bastante tradicional, que se aleja de los cánones de la enología actual, pero que sigue seduciendo a muchos paladares (entre los que me incluyo). Se obtiene con un estudiado corte de cepas Sangiovese, Merlot y Malbec de viñedos propios, añejado pacientemente durante un lustro en añosos toneles. De color pardo rojizo; brinda en nariz un “bouquet” de crianza bien desarrollado, con evocaciones de frutas secas, pasas, cuero y especias. En boca es ligero y veloz, de paso delicado y sedoso, con acertada acidez, taninos pulidos y mediana persistencia. ¡Un vino ideal para la mesa diaria, sin gastar demasiado!           

Las Perdices Syrah-Viognier 2014 ($109): Con una atípica combinación de uvas rojas y blancas, este vino mendocino “rompe un poco los esquemas” de los tintos nacionales. Imitando una antigua práctica del Valle del Rodano (Francia), se fermentan juntas uvas Syrah (93%) y Viognier (7%), para dar lugar a una co-pigmentación enzimática natural. De esta manera, el pequeño aporte de uvas blancas colabora en extraer mayor color de las tintas; además de aportarle vivacidad, frescura y aromas originales. Así se logra un tinto de color rojo-violáceo muy brillante; que entrega una nariz diáfana con recuerdos de flores silvestres, frutas rojas, especias y sensaciones “cárnicas”; complementada por una boca sabrosa y vivaz, de entrada amable y cuerpo medio, con fresca acidez, taninos mansos y permanencia moderada. ¡Para escoltar el asado familiar de los domingos!           

Stutz Roble 14 Blend 2014 ($160): Una novedad absoluta en las góndolas locales, que llega de la mano de la pequeña bodega familiar Stutz (Cafayate-Salta). Está vinificado combinando un 65% de Malbec, un 21% de Cabernet Sauvignon y un 14% de Tannat (sólo este último levemente barricado). El resultado es un producto de sofisticada paleta aromática, donde destacan fragancias de frutas maduras, pimiento rojo y especias dulces -canela, pimentón-; todo enmarcado en sutiles notas de vainilla y chocolate. Al probarlo se lo descubre intenso pero muy fluido, todavía algo “maderoso”, con correcta acidez, taninos apretados y persistencia media. Un vino que ya puede disfrutarse perfectamente, pero que sin dudas ganará en armonía con algunos meses más de estiba en botella. ¡Perfecto para maridar empanadas salteñas o tamales!

La Puerta Gran Reserva 2012 ($250): La provincia de La Rioja está bien representada en esta selección, con uno de sus productos más icónicos. Un corte tinto de amplia base Malbec (65%), con porcentajes menores de Bonarda y Syrah, añejado parcialmente en barricas de roble nuevas. Un vino vigoroso y levemente rústico; donde se distinguen nítidos aromas de frutas pasas sobre un fondo terroso y empireumático -caucho, brea-, además de la presencia de madera muy bien integrada. En la boca se revela voluminoso y lleno, de entrada recia y paso seco, repite impresiones maduras, con correcta acidez, taninos algo rugosos y larga persistencia. ¡Compañero inseparable de guisos o cazuelas!

Catalpa Assemblage 2011 ($292): ¡El Valle de Uco (Mendoza) no deja de sorprender, ofreciendo en cada cosecha vinos más amplios, profundos y definidos! Tal es el caso de este exquisito tinto de la bodega franco-argentina Atamisque, que me sedujo desde que lo degusté por primera vez. Un complejo ensamblaje de uvas Cabernet Franc (60%), Merlot (20%), Malbec (10%) y Cabernet Sauvignon (10%); con un año de crianza en barricas nuevas de roble francés -y otro tanto en botellas antes de salir al mercado-. Esto da lugar a un vino tinto de perfil moderno, equilibrado y muy bebible. Regala aromas de frutas negras, especias y trazos balsámicos -regaliz, eucaliptus, mentol-, sobre un fondo mineral marcado. Al llevarlo a la boca se lo percibe juvenil y carnoso, de buen volumen y gran fluidez, redunda en frescas sensaciones balsámicas, con vibrante acidez natural, taninos firmes y grato post-gusto. ¡Tinto de lujo, para descorchar en una noche especial!     

Doña Ascensión 2013 ($344): Cerramos esta selección con otro vino salteño de alta calidad y partidas realmente limitadas (apenas 3000 botellas/año). Un tinto elaborado con una cuidadosa selección de uvas Malbec y Cabernet Sauvignon provenientes de la zona más alta de los Valles Calchaquíes, que muestra los bríos típicos que el terruño infunde a sus vinos. Este producto prescinde absolutamente del contacto con roble, y aún así exhibe un porte exuberante y complejo. Ofrece una nariz fascinante, cargada de frutas negras, especias picantes y dejos terrosos; que continúan en una boca sabrosa y potente, de entrada seca y paso impetuoso, con reminiscencias especiadas, balanceada acidez, taninos compactos y una larga permanencia. Un vino costoso y a veces difícil de hallar en Córdoba, pero que sin dudas vale cada peso pagado por él. ¡Imprescindible con un cordero o cabrito a la llama!  

¿Y para ustedes, cuáles son sus blends tintos preferidos?

***** Esta nota fue publicada originalmente en la web amiga de Circuito Gastronómico *****

viernes, 20 de noviembre de 2015

LA FRASE QUE HOY VINO (LV)

Una poesía que me pone la "piel de gallina" cada vez que la leo. Extraída del libro "Canto Popular de las Comidas" (1974). A mi entender, una obra maestra de un autor argentino poco reconocido:

CARTA DE VINOS.
Con la sombra del año, con el tiempo
que envejece al otoño en la madera,
madura al rojo el corazón del vino
fraguado en calendarios de paciencia.

La ciencia milenaria de su alquimia
no admite sino el cálculo del clima
cuando el mosto recobra el movimiento
y en su fermentación hierve la vida.

Enmelada de abejas va la tarde,
fundándole regiones de dulzura,
como una jubilosa flor del aire
dormida en el vivero de la espuma.

El vino va del verde a lo morado,
tornasol de la rosa, transparencia
donde la luz es sólida un instante
y el aroma un lugar de residencia.

El hombre sabe a vino. El vino a hombre.
Es un secreto a voces el misterio.
Desde lo más remoto vienen juntos
rompiendo las ventanas del silencio.

La memoria del vino, es la memoria
del labrador de pámpanos y estrellas
que un día, ya de pie, mató al olvido
y se vino a zancadas por la tierra.

El antiguo pastor de las edades
guardó los cereales, la herramienta,
llevó la vid con él sobre los siglos
para ver regresar la primavera.

Reúne nombres de región y abuelos,
inalterables formas y apellidos,
el Pinot gris de los atardeceres,
el Borgoña nocturno, el Medoc sísmico,
ese trago de Riesling luminoso
que llena la alegría de estampidos
o el Cabernet de umbrías soledades
que aturde el corazón como un gemido.

En la mesa solar del mediodía
el Lambrusco del año parpadea
y queda demorado, propiciando
el entresueño de la sobremesa.

A veces llega con el gusto verde
al ruidoso fragor de las tabernas,
a las celebraciones tumultuosas
y enciende las hogueras de la fiesta.

El vino tiene un orden. Él conduce
los infinitos duendes de la vida:
con carnes, tinto; con mariscos, blanco.
Es el otro sabor de la comida.

Y cuando llueve el corazón y el año 
y arde la leña trémula del día,
el vino, compañero y solidario
moja el sollozo y la melancolía.

Pero, a veces, el vino, prisionero de sombras,
sale con la navaja del lucro, simulado,
destituido del sol de su nobleza
a maniatar los pobres inermes de los barrios.

Corrompe la alegría en los ruines boliches
donde violan su estirpe las tinturas y el agua
para estragar al hombre del jornal y entubiarle
la raída inocencia que padece su canto.

Sale del vino con un puño. Sale un grito. 
Le sale la mala luz del odio, la artera puñalada.
Amanece en las celdas donde orina el desprecio
y llora roncamente su lágrima de espanto.

El vino mata al vino en la casa del pobre:
entra el domingo y salen las mujeres llorando.
Los niños desnutridos bostezan el asombro
y desde las tinieblas, solloza el desamparo.

Yo lo he visto en el monte, violento como un hacha,
beberse la quincena y amanecer vinagre.
Me ha dolido en las carpas de los cosechadores
y en los rudos obrajes forestales del hambre.
De noche, en las tabernas de los puertos del mundo,
canta las afonías de los coros canallas.

Prostituto en la risa de la mujer caída
al hondo pudridero del sexo desterrado.
Ahí anda en cueros, lúbrico y a mitad de camino
del animal y el hombre, aullando, en cuatro patas,
etílico y sombrío, triste macho cabrío cavando hacia lo oscuro la condición humana.

Hay que cuidar al vino del usurero abstemio
que castra en las bodegas su magia milenaria
que, como un dios remoto, libera la alegría
en lo que el hombre tiene de campanario y pájaro.

Hay que salvar al vino de los brujos metálicos 
que humillan y adulteran su índole de sangre,
para que vuelva puro a la mesa del hombre
y le llene la casa de júbilo fragante.
www.fundaciónkonex.org
Armando Tejada Gómez: Poeta, letrista, escritor y locutor argentino (1929-1992) 

lunes, 2 de noviembre de 2015

LA FRASE QUE HOY VINO (LIV)

Gracioso -y levemente cínico- elogio del vino, extraído del cuento español "La Celestina" (1499):

ELOGIO DEL VINO

“Asentaos vosotros, mis hijos, que harto lugar hay para todos, a Dios gracias: ojalá tanto nos diesen del paraíso cuando allá vamos. Poneos en orden, cada uno en su lugar; yo, que estoy sola, pondré ante mí este jarro y taza, que no es más mi vida de cuanto con ello hablo. Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que escanciar, porque quien la miel trata siempre se le pega algo. Pues de noche, en invierno, no hay tal calentador de cama. Que con dos jarrillos destos que beba cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche. Desto forro todos mis vestidos cuando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene contino en un ser; esto me hace andar siempre alegre; esto me para fresca; desto vea yo que sobra en casa, que nunca entonces temeré mal año. Que un cortezón de pan ratonado me basta para tres días. Esto quita la tristeza del corazón más que el oro y el coral; esto da esfuerzo al mozo y al viejo fuerza; pone color al descolorido, coraje al cobarde, al flojo diligencia, conforta los cerebros, saca el frío del estómago; quita el hedor del aliento, hace impotentes los fríos, hace soportar los afanes de las labranzas a los cansados segadores, hace sudar toda agua mala; sana el romadizo y las muelas, sostiene sin heder en la mar, lo cual no hace el agua. Más propiedades te diría dellos que cuantos tenéis cabellos. Así que no sé quién no se goza en mentarlo. No tiene sino una tacha, que el bueno vale caro y el malo hace daño. Así que, con lo que sana el hígado enferma la bolsa. Pero todavía con mi fatiga busco lo mejor para eso poco que bebo. Una sola docena de veces a cada comida, no me harán pasar de allí salvo si no soy convidada, como ahora”.


Fernando de Rojas: Escritor y dramaturgo español (c.1465-1470 / c.1497-1541)