A pesar de que en la actualidad somos un país apasionadamente “tintocentrista” (si se me permite el neologismo), me gustaría recordar que hasta mediados de la década del 80´ se consumían en nuestras mesas ingentes cantidades de vinos blancos.
Con el paso de los años, lamentablemente estos vinos fueron perdiendo participación en las góndolas de supermercados y vinotecas (llegando a representar hoy menos del 20% del consumo total). Sin embargo, yo creo que hay que reivindicar estos productos, pues son casi insustituibles para maridar ciertos platos. Así por ejemplo, para una humita, un plato de pescados o mariscos, una paella e incluso una buena tarta o ensalada; no se me ocurre nada mejor que un vino blanco; que acompañe con su frescura pero que respete el aroma y sabor de los alimentos.
En una entrada anterior del blog me he declarado gran consumidor de vinos rojos, pero reconozco que hay ciertos blancos que no me canso de tomar -aunque dosifico su consumo, pues algunos de ellos son productos de precio bastante alto-. Aquí un detalle de los diez vinos en cuestión, con una pequeña reseña de mis impresiones al tomarlos:
Santa Florentina Torrontés ($13): Que decir de este vino, pasión de multitudes (entre ellos mis padres, que lo compran por cajas). Un torrontés riojano simple y rico, con los aromas que uno espera y el sabor clásico de nuestra cepa insignia. Todas las añadas que recuerdo de este vino tienen una calidad bastante pareja. Por el precio no tiene competencia; bien fresco en una tórrida tarde de verano, tampoco !!
Chateau Vieux Blanco ($37): Clásico de clásicos, quizás algo demodé para los cánones de la enología actual (pero a mi me encanta, que le voy a hacer !!). Un chardonnay algo parco, con cautelosas notas cítricas y minerales. Pareciera tener algún breve paso por barricas, pero afortunadamente el roble no toma protagonismo. Tomé las añadas 2008 y 2009 (que es la actual) y estaban ambas muy bien. Cuidado por que he visto por ahí botellas mas viejas, que no creo estén ya en buen estado !!! Es un buen vino para comer y tiene un precio accesible, por eso siempre tengo una botella en la heladera.
Jean Rivier Tocai Reserva ($42): Un complejo y exquisito tocai (friulano) fermentado y criado en barricas de roble, hecho por manos suizas en San Rafael. En nariz sorprende por sus notas de levadura fresca, sabiamente combinada con los aportes de la madera (vainilla, lácteos) y notitas herbáceas y minerales (propias de la variedad y el terruño). Todavía está a buen precio, así que reincido seguido con este vino. Recomiendo buscar la cosecha 2009, pues la 2008 aún se mantiene en pié pero ha perdido gran parte de su frescura...
Escorihuela Gascón Viognier ($46): Desde hace varias cosechas vengo siguiendo a este vino blanco amable al paladar y de aromas seductores (carácter marcadamente afrutado, con notas de melón, duraznos blancos, damascos y cítricos). En boca es sabroso, de buen cuerpo y acidez ajustada, así que se toma con mucho deleite. He tomado las añadas 2009 y 2010 en la misma oportunidad y ambas están muy bien (obviamente prefiero la 2010). En su gama de precios creo que es el mejor exponente varietal.
Faldeo del Epuyen ($52): Atípica combinación de chardonnay y riesling provenientes del viñedo más austral del mundo (según tengo entendido), en la localidad chubutense de El Hoyo de Epuyen. Es un vino blanco de aromas florales, especiados y minerales, con una acidez filosa que lo hace sumamente refrescante. Su cosecha debut fue la 2008, que aún sigue vigente en el mercado y está en un excelente momento para beberlo.
Selección de Ricardo Santos Semillón ($60): Un notable varietal blanco, elaborado por uno de los personajes más importantes de nuestra vitivinicultura. Es un vino austero en aromas y sabores (suaves notas herbáceas, cítricas y minerales), pero de buen cuerpo y acidez balanceada. Me resulta un vino muy atractivo para comer, pues respeta mucho los alimentos no “tapando” sus características sensoriales. La cosecha actual es la 2009, de gran frescura y vivacidad.
Dolium Petit Reserva Sauvignon Blanc ($70): Un sauvignon blanc de estilo europeo, que recuerda a los vinos de Sancerre (Loire). La nariz de este vino tiene notas vegetales y frutales muy suaves -nada del estilo salvaje argentino ni multifrutal chileno, con todo el respeto que esos dos estilos me inspiran-, sabiamente combinados con los tostados del paso por barricas en un conjunto armónico y sumamente elegante. En boca tiene la acidez calibrada a la perfección, siendo agradable, sabroso y refrescante. La añada actual es la 2009, pero he tomado botellas del 2007 que tienen una excelente evolución. No es un vino fácil de conseguir en el país -se exporta un gran porcentaje-, pero vale la pena el intento.
Gran Lurton Corte Friulano ($75): Compleja combinación de friulano (tocai), pinot gris, chardonnay y torrontés, elaborado por manos francesas en la bodega de François Lurton (Valle de Uco). Es un vino blanco de aromática explosiva, lleno de flores y notas resinosas. En boca es fresco y de alcohol moderado, que lo hace muy bebible. Probé la cosecha 2009, que ya está en la calle lista para ser disfrutada.
Luigi Bosca Gala 3 ($110): Seductora combinación de viognier, chardonnay y riesling; bien amalgamada con una breve crianza en barricas de roble. Es un vino de raza, con gran elegancia y marcada personalidad. Sus aromas se dirimen entre lo floral y lo especiado, con finas notas de vainilla del roble. En boca es voluminoso pero no pesado, con buena acidez y un largísimo final. En el mercado ya he visto cosecha 2009 (que no he probado aún) pero todavía están disponibles algunas botellas de las cosecha 2005 y 2006 (ambas en un gran momento para ser descorchadas).
Trapiche Gran Medalla Chardonnay ($175): Un verdadero vino de lujo (y no sólo por el precio, que es bastante alto). Un varietal chardonnay de manual de enología, con todo lo que tiene que tener. Su nariz es extremadamente compleja, con frutas blancas de carozo, suaves notas mantecosas, tonos de vainilla y caramelo (del roble) y una puntita mineral que le suma complejidad. En boca es de gran volumen, armonioso y de medida acidez. Es un vino sumamente disfrutable, que no cansa para nada. Tiene una gran persistencia. En el mercado está la cosecha 2007, que está óptima para tomarse ahora. Sin embargo, creo que este vino podrá seguir ganando en botella por un par de años.