sábado, 15 de julio de 2017

CINCO VINOS PARA VOLVER A MIRAR A CÓRDOBA


Si bien las primeras vides del territorio argentino fueron plantadas en Santiago del Estero (algo bastante lógico si recordamos que es la “madre de ciudades” fundada en 1553), la verdadera historia de la vitivinicultura argentina empezó -casi medio siglo después- en la zona que hoy ocupa la provincia de Córdoba.

Registros documentales fehacientes mencionan la existencia de viñedos en la región desde el año 1599 -propiedad de los sacerdotes mercedarios-, así como la producción de vinos a nivel “industrial” desde 1618 -asociados a la actividad de los sacerdotes jesuitas-.

Durante sus cuatrocientos años de desarrollo, la actividad vitivinícola de Córdoba sufrió grandes vaivenes. Desde la virtual desaparición de los viñedos con la expulsión de los Jesuitas (1767) y la recuperación por parte de los inmigrantes italianos con la fundación de Colonia Caroya (1878). Desde sus épocas de esplendor en las décadas del 60´ y 70´ (donde la provincia llegó a tener casi 1800 hectáreas y moler 18.000.000 kg de uvas), hasta su período más aciago en los años 80´ (que vio desparecer a las grandes bodegas, y donde la actividad perduró -con muchas dificultades- sólo en explotaciones familiares).

La recuperación productiva insumió casi tres décadas; pero desde fines de la década del 90´ -y aún más en estos primeros años del nuevo siglo-, la provincia muestra orgullosa su reconversión. El notable desarrollo de la vitivinicultura cordobesa no ha sido un hecho cuantitativo; el verdadero cambio ha sido de carácter cualitativo, pasando de los históricos vinos “regionales” o “pateros” -de baja calidad, vendidos a la vera de la ruta- a productos de impecable factura que pueden competir sin inconvenientes en el mercado nacional.   

En la actualidad, la superficie plantada con vides en la provincia alcanza las 299 ha (aproximadamente el 0,1% del viñedo nacional). La mitad de estas hectáreas están ubicadas en la zona de Colonia Caroya y alrededores; aunque también hay pequeños paños de viñedos en Traslasierra, el Valle de Calamuchita y el Noroeste provincial. Existen hoy 12 bodegas registradas, además de 32 elaboradores caseros autorizados. La presencia de los pequeños productores artesanales es un además un gran diferencial turístico, pues es de las pocas regiones del país que los incluye en sus Caminos del Vino. 

                                            
Para que les sirva de guía a los enófilos curiosos, aquí van cinco recomendaciones de vinos para volver a mirar a Córdoba:

La Caroyense Frambua S/A ($100): De la mano de la emblemática Bodega La Caracense -el mayor productor de la provincia- llega este vino sencillo y extremadamente ligero, que interpreta cabalmente la particular tipicidad de esta uva regional. Está elaborado por la mano experimentada del enólogo Santiago Lauret, quien lleva ya más de 40 vendimias ligado a la producción vitivinícola de Colonia Carayá. En nariz ofrece aromas directos de frutitas rojas frescas -frutillas, frambuesas-, más algunos trazos herbales y terrosos. En la boca tiene silueta delgada, entrada agradablemente seca y paso veloz, redunda en sabores afrutados, con bajo tenor alcohólico, marcada acidez, taninos imperceptibles y breve persistencia. Recomiendo servir refrigerado, para potenciar su agradable frescura natural. Creo que puede ser un buen acompañante para aperitivos o picadas de fiambres y quesos.

Indama Chardonnay 2016 ($130): Una novedad absoluta, que llega desde la novel bodega Terra Camiare (Colonia Caroya), un proyecto productivo de capitales locales que comenzó hace apenas un año -recuperando una antigua bodega y varios viñedos abandonados- y ya está “dando que hablar” con los productos que pone en el mercado. De su primera cosecha destaco este blanco de Chardonnay fragante y delicado. Propone una aromática diáfana,  plena de recuerdos a flores, frutas blancas -peras, duraznos-, miel y suaves trazos herbales. Al llevarlo a la boca descubre su cuerpo liviano y paso vivaz, con reminiscencias melosas, jugosa acidez y moderada permanencia. Perfecto para maridar con pescados o mariscos.             

Noble de San Javier Merlot 2016 ($150): Un vino elaborado en el Valle de Traslasierra por el pequeño emprendimiento de la familia Jascalevich -pioneros en la reconversión vitivinícola de la zona, con viñedos plantados en el año 2002-. Un hermoso proyecto que incluye una bodega y una acogedora hostería serrana, involucrando en su explotación a todos los integrantes del clan familiar. De allí sale este tinto simple pero sumamente interesante, que muestra el potencial de ese terruño para la producción de vinos de calidad. Regala una nariz intensa y limpia, con evocaciones frutales maduras, terrosas y vegetales. Al probarlo tiene cuerpo medio, entrada bien seca y paso frutal generoso, con acertada acidez, taninos compactos y notable persistencia. Un Merlot honesto y de precio accesible, ideal para la mesa diaria.        

Ottimo Blend 2014 ($190): Lomas de Garay es otra bodega artesanal ubicada en la zona de Potrero de Garay, sobre las colinas serpenteantes que rodean el embalse del Dique Los Molinos. Con apenas cuatro hectáreas productivas, elabora unas 10.000 botellas al año y ya tiene disponible su tercera cosecha comercial. La vinificación está a cargo del joven enólogo local Gabriel Campana, quién conoce como nadie los viñedos cordobeses. De toda su línea sobresale este ensamblaje tinto de uvas Cabernet Sauvignon, Malbec y Merlot, con breve crianza en barricas. Posee aromas de frutas negras -moras-, especiados -pimienta, clavo- y algo terrosos. En la boca tiene estructura media, paso fluido y sabores levemente picantes, con acidez equilibrada, taninos suaves y grato post-gusto. Si estás preparando el asado con amigos, una botella de este tinto “te harán quedar muy bien”.

Juan Cruz Navarro Torre Malbec 2015 ($255): Desde un brumoso paisaje de sierras y pinares en el corazón del Valle de  Calamuchita llega este Malbec complejo y de perfumes seductores. Lo produce Bodega Estancia Las Cañitas, un imponente desarrollo vitivinícola de la familia Navarro que a pesar de los embates de la naturaleza -resistió dos tornados devastadores a finales del 2012-, sigue adelante con la producción de sus vinos. Entrega una nariz curiosa, donde los aromas frutales maduros -ciruelas, cerezas- se combinan con suaves notas resinosas (seguramente por influencia de las coníferas que rodena el viñedo). Al probarlo es sabroso y estructurado, con entrada amable y textura sedosa, refrenda las percepciones balsámicas, con apreciable acidez -aunque perfectamente balanceada-, taninos firmes y largo final de boca. Este gran tinto “pide a su lado” un cabrito cordobés asado.

¡Anímense a degustar los vinos cordobeses, les aseguro que no se van a arrepentir!

***** Esta nota fue publicada originalmente en el sitio web de Iprofesional *****

miércoles, 28 de junio de 2017

SEIS VINOS “PARA TIRAR LA CASA POR LA VENTANA”

www.edinbraw.com
Aunque la situación económica venga complicada, los enófilos apasionados solemos hacer un “esfuerzo extra” para darnos algún gusto de cuando en vez. Quienes disfrutamos del vino, muchas veces sacrificamos otros gastos en pos de probar una buena botella.  

Argentina ofrece vinos para todos los gustos y bolsillos. Desde los más económicos para la mesa diaria -a los que suelo dedicarle varias notas al año-, hasta algunos “de lujo” para descorchar en ocasiones especiales (aniversarios, cumpleaños, visita de amigos).  

Si andan buscando vinos para “tirar la casa por la ventana”, aquí van mis seis sugerencias:

Confiado Pinot Noir Blanco 2016 ($390): Con esta nueva propuesta, la bodega mendocina Séptima ofrece una “ruptura” con el clasicismo de sus vinos, “confiada” en que seducirá a un nuevo grupo de consumidores que buscan productos más modernos y diversos. De la línea me encantó este Pinot Noir vinificado como vino blanco, lleno de juventud y frescura. Ostenta un color cobrizo muy pálido, que sorprende al bebedor desprevenido. Propone una nariz prístina con evocaciones de frutas ácidas -frambuesas-, tropicales -ananá- y ciertos tonos herbales muy agradables. En boca tiene cuerpo medio y discurrir veloz, rebosante de sensaciones frutales, con jugosa acidez y moderada permanencia. Servir bien frio. Un blanco definitivamente “gastronómico”, para acompañar una paella o cazuela de mariscos.     

Susana Balbo Signature Rosé 2016 ($600): Un vino rosado verdaderamente exquisito, producido en su totalidad con uvas del Valle de Uco, en un ensamblaje que combina  60% de Malbec de Chacayes (Tunuyán) y 40% de Pinot Noir de Gualtallary (Tupungato). A la vista se muestra sensual y cautivante, con una sutil tonalidad rosa-anaranjado. Ofrece una nariz muy fragante y compleja, con recuerdos de flores silvestres, frutas ácidas -moras, frambuesas-, frutas de carozo -damasco-, confitura de limón y una nota vegetal muy suave.  Al llevarlo a la boca tiene entrada agradablemente seca, buen volumen y paso untuoso; refrenda su nítido sabor afrutado, con moderado grado alcohólico, vibrante acidez natural y grata persistencia. ¡Un rosado “de lujo”, perfecto para acompañar una bandeja de sushi!  

Severino Collovati Blend 2014 ($500): Una novedad absoluta en las góndolas locales, que llega de la mano del pequeño proyecto personal del enólogo Javier Collovati. Se trata de un corte tinto con 70% de Malbec y 30% Cabernet Sauvignon (ambos provenientes de la zona de Sañogasta -en lo alto del Valle de Famatina-, un lugar muy apropiados para el cultivo de la vid debido a su clima desértico y marcada amplitud térmica), con vinificación tradicional y doce meses de crianza parcial en barricas de roble. El resultado es un tinto de aromática sugerente, con perfumes balsámicos -anís, regaliz-, frutales maduros -higos, pasas- y leves trazos tostados/ahumados. Al probarlo se los percibe seco, de mediana estructura, con paso franco y sensación algo potente -alcohol-; redunda en sabores maduros, tiene balanceada acidez, taninos apenas rugosos y largo post-gusto. Un gran vino riojano, que fue elaborado en una partida realmente limitada -998 botellas- y recomiendo comprar antes que se agote. 

Viña Alicia Colección de Familia Nebbiolo 2008 ($1095): Viña Alicia es un minúsculo emprendimiento vitivinícola fundado en 1998, perteneciente a Alicia Mateu de Arizu y Rodrigo Arizu (esposa e hijo menor de Don Alberto Arizu, eminente winemaker argentino y director de la reconocida Bodega Luigi Bosca). Está ubicado en el distrito de Lunlunta (Lujan de Cuyo), donde posee un viñedo de apenas 10 hectáreas y una pequeña bodega con capacidad para 50.000 litros/año. Sus vinos suelen ser bastante difíciles de conseguir, pues se exportan casi en su totalidad. Si tienen la suerte de “cruzarse” con algunas botellas, no duden en comprarlas pues no se van a decepcionar. De todo el portfolio me cautivó este  Nebbiolo complejo y poderoso, de nariz profunda y algo críptica. Regala aromas frutales maduros -orejones de ciruelas-, florales -rosas secas-, empireumáticos -alquitrán-, terrosos y ahumados. Al llevarlo a la boca se lo siente voluminoso y estructurado, de entrada recia y paso lleno, con presencia bien madura, equilibrada acidez, taninos macizos -aunque pulidos por la estiba- y un larguísimo final. Ideal para maridar con comidas intensas, como carnes de caza o guisos picantes. ¡Un vino maravilloso, que vale cada peso pagado por él!

Saltimbanco Tempranillo 2014 ($1500): La línea Saltimbanco es una propuesta de vinos exclusivos -y de escasísima producción-, fruto de la inspiración del enólogo ítalo-argentino Giuseppe Franceschini. En este caso se trata de un vino 100% Tempranillo cosechado en un antiguo viñedo de El Cepillo (San Carlos-Valle de Uco), la zona de Mendoza donde están las plantas más añosas de esta variedad. Se vinificó con levaduras indígenas, intervención mínima, añejamiento de 16 meses en roble francés y embotellado sin filtrar. Un tinto de color violáceo muy profundo, casi sin signos de evolución. Entrega una nariz intensa con aromas limpios a frutas rojas en sazón -ciruelas, guindas-, frutas negras -zarzamora, cassis-, especias -pimienta de Jamaica, clavo de olor- y delicadas pinceladas avanilladas. En boca se lo descubre sabroso y compacto; de entrada seca y paso fluido, franco recuerdo frutal, acertada acidez, taninos firmes y prolongada persistencia. Un vino tinto soberbio, para agasajar a los amigos sirviéndolo junto a un buen asado.   

Alfa Crux Cuveé Sparkling Wine S/A ($920): Cerramos esta lujosa selección con un vino espumoso refinado y complejo de la Bodega O. Fournier (La Consulta-Valle de Uco). Fue obtenido combinando 80% de Chardonnay y 20% Pinot Noir, por el método “champenoise” -segunda fermentación en botellas- y con casi dos años de reposo posterior sobre sus lías. Exhibe una tonalidad asalmonada pálida y brillante. Enamora con una paleta aromática amplia y distinguida, plena de reminiscencias a frutas tropicales, frutas secas, miel, pan de brioche y levadura fresca. Al probarlo se revela sobrio y de paladar bien seco, con textura sedosa, reminiscencias melosas, burbujas delicadas, refrescante acidez y placentero final. ¡Un vino espumoso realmente imponente, para brindar “bien arriba” todo el invierno!

*** Esta nota fue publicada originalmente en la web amiga de Circuito Gastronómico ***

miércoles, 21 de junio de 2017

SPIRITU, AROMAS DEL VINO (Publicidad)

Quienes siguen con asiduidad mi blog saben que no suelo hacerle lugar a la publicidad. Sin embargo, me parece importante apoyar a estos pequeños emprendimientos nacionales que elaboran productos de alta calidad para el disfrute enológico.  


Nueva presentación del kit de aromas argentino 
SPIRITU Aromas de Vino


SPIRITU, Aromas de Vino es un kit de aromas diseñado para entrenar el olfato y aumentar en conocimiento sobre los vinos de Argentina. Pensado y creado por la sommelier argentina Marcela Rienzo es un aporte muy valioso a todos aquellos que quieren sumergirse en el infinito mundo de los aromas del vino.

La caja de aromas es un instrumento educativo y lúdico, que permite, de una manera divertida, agudizar la percepción, memorizar los diferentes aromas, identificarlos y recordarlos, para luego reconocerlos en el vino.

SPIRITU, Aromas de Vino, contiene los 20 aromas más característicos de los vinos blancos y tintos de Argentina: frutas rojas, ciruela, cereza, pera, ananá, pomelo, durazno, limón, banana, manzana, violeta, flor de naranjo, higo, coco, vainilla, miel, chocolate, café, humo y pimienta. De esta manera el sentido del olfato puede ampliarse, desarrollarse y entrenarse, acumulando referencias olfativas y adquiriendo un lenguaje para traducir sensaciones.

Cada unos de los aromas está acompañado de una carta con una descripción de las características del aroma y las uvas en los que puede estar presente dicho aroma. Además la caja contiene un brochure instructivo que explica algunas dudas básicas en la cata de un vino, como por ejemplo, ¿por qué hay aromas en el vino?, ¿cómo funciona al olfato?, ¿cómo utilizar el kit?, ¿cómo se cata un vino?, ¿por qué es importante la copa?

Precio público: $ 1.800.-
www.aromasdevino.com